viernes, 20 de febrero de 2009

Javier Bustamante




Javier Bustamante nace un 6 de junio de 1968 en la ciudad costera de Guaymas (México), junto a las cálidas aguas del Golfo de California. Su infancia y juventud transcurrió al lado de sus abuelos maternos a quienes llegó a considerar como sus verdaderos padres. A los 10 años empezó a escribir poemas, bajo la influencia de los versos románticos de poetas como Salvador Diaz Mirón, Rubén Darío, Ramón López Velarde entre otros. A esa edad, logra sus primeros triunfos literarios al participar y obtener el primer lugar a nivel municipal en Declamación, oratoria y composición poética con el poema “Mujer”. A raíz de esto, fue invitado a participar en el periódico infantil de su comunidad, así como la gaceta estudiantil de la Escuela de instrucción secundaria a la que asistió.

Ha escrito dos libros de poemas, Desde la Luna y Pescador de versos los cuales han sido publicados por la editorial Bubok, así como una novela de corte infantil titulada “Susy la jirafita” y una novela titulada “Cementerio de Autos”.

Ha recibido Premios y reconocimientos por sus poemas en Foros reconocidos a nivel mundial tales como Alaris y Poesía Pura. Su poema, “De qué sirve un beso” fue seleccionado como Poema extraordinario.

Actualmente vive con su esposa y sus dos hijos en la ciudad fronteriza de Tijuana, México desde donde continúa alternando su trabajo en el ramo de la ingeniería y su pasión por escribir.



Cáceres


Ahora que la voz del merolico
y tus alegres cantos de banquetas
utiles se apagaron con la noche;
ahora que el silencio sabe a estrella,
hoy que tus brazos, como negro asfalto,
se abrazan dulcemente de tus torres,
oigo tus voces, como heraldo viento.

Esas calladas voces de concreto
que miran con nostalgia hacia el pasado,
con sus ojos de bardo y de juglar.
Atalaya discreta y soñadora,
con tus pieles de muros abatidos,
que beben siglos y nos dan historia,
en el viñedo de tu pueblo viejo.

Ahora que la vida se ha dormido,
te vistes con la túnica del tiempo,
y vuelves lentamente a tus recuerdos.

Recuerdas esas hojas como lenguas
de fuego que acarician tus tejados
como rojo obituario del verano,
o alfombra que recibe a tus otoños.

Te miras cobijada en el abrigo
de campos de cerezos en tus valles,
cuando llega a tu piel la primavera,
curando las mordidas del invierno.
y así dormida en paz, bajo la luna
te buscan incesantes mis palabras,
para dejar un verso en tu regazo.

Háblame tu, del implacable moro
que pisoteó tu piel bajo sus plantas,
la sangre valerosa de tus hijos
cayendo con valor bajo la espada;

Que no caiga en las garras del olvido
tu carne herida al golpe de metralla
del dictador que le gruñó a la vida;
de tus valientes que ante monstruo herido
hallaron el cobijo de tus brazos.

Dime, Cáceres, tú de los postines
que fueron emergiendo de tu espalda
mirando al mundo y desafiando al viento
bajo la extensa ocupación romana.


Si te apetece abrir en esta noche
la historia que tendrás muy bien guardada
en los nichos que quedaron atrapados
en los arcos que flanquean tus entradas.

Cuéntame de tus planes de futuro,
y arrulla con anécdotas mis sueños
antes que nos sorprenda la mañana;
que cuando el sol nos abra sus alforjas
y tienda sus caudales de esperanza,
tu habrás de despertar a tu destino,
de maternal vigía de los tiempos,
y yo, pluma en los pliegues de un segundo
yo habré de dormitar entre mis versos.

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