domingo, 18 de julio de 2010

Basilio Sánchez







Basilio Sánchez nace en Cáceres en 1958. Con su primer libro, "A este lado del alba", consigue un accésit del premio Adonáis de Poesía en 1983, publicado al año siguiente. Después de un periodo de silencio de nueve años, en 1993 edita su segundo libro, "Los bosques interiores", en el que se perfilan ya nítidamente el tono y los rasgos que singularizan su obra de madurez: una escritura que configura el territorio poético de la mirada interior y que hace de la contemplación un ejercicio de conocimiento. Este libro, revisado en profundidad, fue reeditado en 2002 (Amarú, Salamanca).

El resto de su obra poética está compuesta por los siguiente títulos: "La mirada apacible" (Pre-Textos, 1996), "Al final de la tarde" (Calambur, 1998), "El cielo de las cosas" (EREx, 2000), "Para guardar el sueño" (Visor, 2003), "Entre una sombra y otra" (Visor, 2006) y "Las estaciones lentas" (Visor, 2008). También ha publicado el libro de relatos: "El cuenco de la mano" (Littera Libros, 2007).

Ha recibido, además del Adonáis, el accésit del premio Jaime Gil de Biedma en dos ocasiones, el Premio Internacional de Poesía Unicaja, el Premio Internacional de poesía Tiflos y el Premio Extremadura a la Creación a la Mejor Obra Literaria de Autor Extremeño (2007).

Ha sido incluido en diversas antologías poéticas y colabora asiduamente en revistas literarias nacionales y extranjeras. Entre los años 2000 y 2003 fue director del Aula de Poesía José María Valverde de Cáceres. Sus poemas han sido traducidos a varios idiomas.

Licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de Extremadura, posteriormente se especializó en Medicina Intensiva, actividad que ejerce actualmente en su ciudad natal.



ARCO DE LA ESTRELLA


Construida en lo alto,
a la ciudad antigua
podemos acceder por cinco puertas.

Sobre una de ellas,
la del arco esviado para los carruajes,
hay una estrella gótica
y un pequeño templete para las devociones.
Pero es el amarillo de las piedras bajo la luz nocturna
y su premeditada soledad,
el trazo abierto,
lo que me hace ahora atravesarla
con la idea de perderme,
de sumirme sin nada en la evidencia
de las cosas sencillas.

Desde dentro los desaparecidos iluminan la tierra.
En las ciudades altas,
las estrellas duermen en las cornisas.

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